domingo, 16 de diciembre de 2012

EL HORNO DE LA FUENSANTA


Ahora que se acerca  Nochebuena viene a mi cabeza aquellos días previos cuando era pequeña y esperaba con ansia estos días en los que los peques tienen vacaciones y espera montones de regalos.
Yo esperaba regalos, pero esperaba con mucha ilusión la visita anual al horno de la Fuensanta.
Era el horno más conocido y famoso (y con razón) de mi ciudad. Estaba en el centro, el casco antiguo que dirían ahora, entre calles estrechas llenas de comercios y oficinas de notarios, abogados, y profesionales liberales en general, junto a ala Catedral.
También por ahí estaban las consultas de los médicos privados a los que con mucho esfuerzo gente como mi madre llevaba a los suyos por una enfermedad que la sanidad pública por aquel entonces no atendía bien.
El caso es que aquel horno-panadería-confitería era una establecimiento con unos escaparates que me parecían enormes llenos de pasteles de todo tipo. Dentro era un cuadrado con un mostrador que tenía la misma forma,
En navidad había colas de gente para comprar las tortas de pascua, orejas de fraile, tetas de monja, huesos de santo, polvorones en forma de corazón, roscos de vino...
Qué olores, que calorcito bueno !cuantas piernas de gente a mi alrrededor!. Parecía aquello un bosque de piernas.
Mi madre siempre compraba los mismo: las tortas de pascua con forma redonda y estrellada cubiertas de almendra picada y azúcar. Los roscos de vino de color blanco, aquellas orejas de fraile como una empanadilla dulce cubierta de azúcar con cabello de ángel por dentro. Los polvorones! ay! esos polvorones que se deshacían en la boca. Y el pan de cadiz?, y aquellas bolas de piñones, mazapán y yo qué sé más?.
Recuerdo las bandejas rectangulares con su mantelito de papel con puntillas y el cordel azul colgando del dedo corazón metido por el lacito, el brazo extendido para que no rozara nada y no se rompiera la mercancía...
Al llegar a casa ella lo colocaba todo ordenado en el primer cajón del aparador y yo siempre preguntaba ¿mamá esto es solo para las visitas?. Las visitas eran su hermana con su marido y mis primas en el primer día de navidad.
Por la misma fecha mi padre llegaba con la cesta  que su empresa le regalaba. Una caja grande de madera cuya tapa a veces era un cuadro. Llena de bolsas de peladillas de las gordas y de las de forma de piñón, pastillas de turrón, bombones, alguna lata de piña , botella de sidra El Gaitero, !champán!!
Aquello también se guardaba pero en el segundo cajón del aparador.
Me parecía todo un festín sobre todo porque a lo largo del año jamas teníamos semejantes viandas.Por eso y porque preferentemente se guardaba para cualquier visita a casa me cabreaba tener que quedarme mirando hasta que dieran la señal de que podíamos comer. Sin embargo lo cierto es que siempre escamoteaba algo y si mi madre se daba cuenta yo ponía cara de no saber nada. Cuantas veces abrí ese aparador que ya no existe y se comió la carcoma para coger algún dulce a escondidas, la boca llena de golpe y el polvilllo del azucar que se me escapa entre los labios, tragando deprisa .
 En esos  días tan especiales se usaba la cristalería que tan cuidadosamente sacaba mi madre de la vitrina, con aquellas copas tan delicadas con dibujos de flores y hojas preciosos, con sus dos jarras altas con asa de curva grande.
En nochebuena la cena era una ensaladilla de merluza con lechuga y mayonesa, antes una sopa de ese caldo, !qué buena! , ahora no me atrevo a hacerlo de nuevo para no estropear el recuerdo del aquel sabor.
Luego la bandeja con los dulces, entonces podía comerlos y era una verdadera gozada.
Recuero el mantel verde a cuadros con sus servilletas de tela, no de papel, sus cubiertos de alpaca que luego fregábamos en el lavadero de mármol y que me quedaba muy alto.La radio puesta escuchando los villancicos.

Al final de la cena tocabamos la pandereta y la zambomba.
Yo sabía que faltaba poco para los Reyes Magos y cuando preguntaba por ellos y por dónde andarían  me contaban que andarían  por África cerca ya de España.
Pero el día de los Reyes Magos es otra historia.

domingo, 2 de diciembre de 2012

EL CINE Y YO

La primera escena de una película que se me viene a la cabeza es la creación del mundo en La Biblia, yo estaba en la primera fila de la sala. El mundo y su rugido mientras se creaba me venía encima como un tornado.
En aquellos años una tarde de cine y pipas era lo que la gente vulgar y corriente hacía para su esparcimiento y era de lo más económico. Claro eso era entonces....
Había dos rituales que se cumplían siempre,   no podía ser de otro modo:
El día del espectador en miércoles.Sobre todo me gustaba la terraza del cinema Iniesta en el barrio del Carmen. Ese cine era precioso, tenía unas puertas y un anfiteatro y unas escaleras que a mi me dejaban embobada parecía un palacio .
 La terraza de verano dónde proyectaban en esa estación del año fue escenario de alguna aventura de la que yo solo recuerdo una,  pero mi madre se encargaba de recordarme otra.
Una era cuando se proyectaba en El árbol del ahorcado. Durante  la escena de la diligencia desbocada a punto de caer todo el mundo en tensión, atentos... a mi se me  escapó la botella de gaseosa que con su vidrio y todo su gas explotó en el suelo. El grito (contaba ella) de todo el cine fue unánime.
La otra,  la que yo recuerdo, fue durante la proyección de una película de vaqueros (que me entusiasmaban). El caso es que debía ser tan mala aquella película que solté en medio de ella y de la noche ! mamá esto no vale ná, esto es un chuminá! . Que  mala era! la peli digo.

Los domingos era cuando mi padre me llevaba sistematicamente después de comer a la primera sesión, así pasábamos la tarde.
Me daba una rabia tremenda llegar siempre tarde con la sesión empezada por dos causas: La primera era que  había que esperar a la segunda peli para ver el principio de la primera cuando ya sabía el final, argggggggg!.
La otra era que nos tocaba quedarnos de pie entre la gente, mucha gente, o en el palco lateral desde el que yo veía bien.
Cómo se fumaba entonces en el cine..., mi padre a veces salía un momento fuera y me dejaba sola en el asiento, menos mal que volvía pronto. Cuando terminaba todo y salíamos  en invierno a la calle para esquivar el frío me ponía el verdugo de lana que solo me dejaba los ojos a la vista y el vaho de mi boca calentaba el interior de mi cabeza  y toda la cara se ponía caliente rápidamente. Aquello era frío y no lo de ahora, será cosa del calentamiento global de la tierra.
Me gustaba el ambiente que se respiraba en aquellos edificios vestidos por dentro con sus cortinajes rojo intenso como de terciopelo. Me gustaba mirar a los que esperaban como yo  en el pasillo, toda emocionada pensando en lo que íbamos a ver, observaba las parejas de novios dándose besitos castos en las mejillas aunque yo sabía o intuía que había algo más que esos inocentes besos.
Odiaba  que me llevaran a ver películas de dibujos animados, yo quería ver películas de verdad!
A la salida del cine también sistematicamente ya fuera del Coliseum o El Iniesta, me llevaba mi padre al bar de Mónaco a tomar una ensaladilla rusa con una cervecita pequeña, daba igual que yo fuera una niña pero lo cierto es que no soy alcohólica...Cómo me gustaban aquellas ensaladillas !que ricas!!, y las almendras fritas y me veía reflejada en gran espejo frente a la barra del bar, y veía al resto de la gente comer sin mirarlos directamente, a través del espejo.
Eran unos domingos estupendos,  por la mañana iba a por el periódico y mi tebeo, y luego al cine, para eso nunca faltaba dinero. Nunca ha faltado para eso.
También me llevaba mi hermana: Con ella iba más temprano y llegaba al principio de todas las películas. Ella me llevó a ver Siete novias para siete hermanos, Chitty Chitty Bang Bang,  West Side Story y muchas más.
El resto de películas que no veían en el cine las veía en casa de Juani con su padre Antonio que tanto me quería y al que tanto quería yo "Carmencica, ¿que ponen esta noche en la tele? mientras cenaba con su trozo de pan, su navaja manchega cortando el queso sobre el pan, y yo contestaba siempre dando la información requerida.

Era de justicia e imperdonable no ir al cine el primer día de Navidad, era nuestro ritual. Íbamos a ver la película recién estrenada para la ocasión, así vi Memorias de África con la hija de mi prima, o Titánic.
Ahora  ya no es así. Todo se va perdiendo y yo canto lo que pierdo y lo que se pierde es la ilusión.
Con los años ya  asentada en mi trabajo e independizada en un pequeño apartamento junto a la casa de mis padres retomé la costumbre de ir al cine. Pero entonces quedaba con mi madre: Al salir de la oficina yo la esperaba con las entradas que orgullosamente había sacado con mi dinero y no el de ella en mis manos. La veía venir a lo lejos, tan guapa! tan bien arreglada para la ocasión...
Vimos decenas de estrenos juntas, estrenos que hoy pasan por televisión y cuando estoy con mi marido en el salón viéndola digo invariablemente "esa la vimos mi madre y yo en el cine", e invariablemente él me contesta "las has visto todas con tu madre". Y recuerdo cada uno de los momentos de mi espera en la puerta de las salas de proyección, cuando llegaba ella, cuando subíamos las escaleras, cuando buscábamos el mejor asiento, y la salida al final a la calle, ya de noche, comentando la historia.
Son muchas las escenas que retengo en mi retina de muchas películas, si me preguntaran con cual me quedaría no podría elegir.
Rebeca, Luz de gas, Matar un ruiseñor, Cinema paradiso, Casablanca, La muerte tenía un precio, El árbol del ahorcado, pero siempre siempre queda en mi el poso triste de Rebeca. Una y otra y otra y otra vez la he visto y siempre hay algo nuevo en ella que me maravilla.
Y su final con aquel incendio de la mansión purificando con su fuego todo rastro de mal. Es una escena que no puedo olvidar, o ella en el coche acariciando su collar de perlas, deseando ser otra.
Hay finales gloriosos, como el Casablanca.
Hay películas para cada ocasión, como los juicios de Nuremberg con el impecable Charles Laugton, !excelso!.
Hay películas como Belinda , o El séptimo sello, o ....podría pasar mi vida recordando.
Hay películas como Rojos que vi con un compañero de facultad que pasó el tiempo intentando meterme mano, ufff, yo quería ver la peli!. O Nueve semanas y media que fui a ver con una compañera un día que pasamos de la clase, muy conservadora mi compañera y yo mientras la veíamos me venía un color y se me iba otro pensando en ella.
Y Novecento??? qué película, qué imagen la de los campesinos avanzando desafiante ante los espectadores: Compré el poster de esa escena, poster que mi madre me instó a quitarlo de la pared de mi habitación cuando el nefasto 23-F cuando a Tejero se le ocurrió irrumpir en el Congreso de los diputados pegando tiros...que pena me dio deshacerme del poster.

A lo largo de los años he visto muchas, muchisimas películas pero la magia del cine parece haberse perdido, odio los grande centros comerciales con tiendas de ropa, comida rápida, zapaterías, etc y... alguna sala de cine, me hace daño a la vista.
Ya nada es igual pero sea como sea sigo amando el cine.

domingo, 11 de noviembre de 2012

FLORIDABLANCA

Repaso mentalmente mi jardín de infancia y preadolescencia en el barrio del Carmen.
Mi parque tenía un estanque con patos  de los de verdad como no he vuelto a ver,  y un apartado cerrado para jugar los niños. Me gustaba especialmente un  laberinto cuadrado  y metálico por el que yo entraba desde abajo hasta llegar trepando a lo más alto. Probablemente si lo viera ahora me parecería especialmente pequeño, tenía su tobogan y los típicos columpios para volar por el aire con el impulso de tu espalda colgados de un arco de hierrro con cadenas a las que cogerse.  Arriba y abajo, arriba y abajo con un vuelco en el estomago. Una vez me caí al suelo y me quedé pegada a la tierra esperando que terminara de pasar por encima para que no me diera en la cabeza.
Pero lo que más me gustaba y con diferencia era un ficus enorme por el que yo trepaba como un mono hasta dónde podía para quedarme sentada en un hueco y ver la calle dónde estaban los cines del mismo nombre que el parque "Cines Floridablanca"  sus reaices sobresalían de la tierra y eran largas retorcidas.
En el ficus me sentía recogida y lo observaba todo, incluida mi hermana cuando me llevaba acompañada de sus pretendientes. Ya mayores las dos le hice saber la rabia que me daba que me aparcara en los columpios para pasear inocentemente con ellos porque  me parecía que no estaba bien, que tenía que estar a mi cuidado y no roneando con chicos porque me daba miedo quedarme sola y perderme. El parque dejaba de ser mi lugar de juegos y era un lugar inseguro en el que me sentía sola y con miedo, un miedo desconocido.
Un día al no verla hice memoria para volver a casa, al llegar  mi madre se quedó a cuadros me cogió de la mano y pensando en mi hermana volvimos al parque pero  ella ya estaba de vuelta con cara de susto junto a su pretendiente que años después me ofreció trabajo. Estaban buscándome como locos y más tarde supe me enteré que le interrumpí una declaración de amor...
Ese parque lo visitaba los domingos y en verano. Con el curso académico aprobado como debía ser podía salir sin remordimientos porque "tenía la satisfacción del deber cumplido que nos enseñaban en las clases de la F.E.N."
El mejor verano que recuerdo fue aquel en el que un tiburón, coche alemán conocido por aquel tiempo sólo por referencias, empezó a pasear por delante de mi casa. Obviamente no me buscaba a mi, buscaba a mi hermana.
Lo conducía un alemán muy rubio, tremendo de grande con cara simpática , estaba de paso como turista y se había fijado en esa española morena bajita que era ella. No hablaba español pero entre el ingles de Lola y el lenguaje más sabio de todos los tiempos, el gestual, se entendían.
A mi me gustaba aquel alemán y su coche, sobre todo me gustaba porque con él no me dejaban apartada en los columpios, me cogían de la mano cada uno y me levantaban por lo alto para dar un salto, y él siempre decía !atensión! !precausión! y a dar un salto tremendo cogida de sus manos.  Era tan grande y tan fuerte!!.
Además me reía mucho porque  no sabía comer pipas, no las había visto nunca y se asombraba mucho de vernos comerlas y como se hacía. Me manejaba como a una peonza, eso no me lo había hecho nadie.
Quería llevarse a mi hermana a Alemania con él, ella para él y él para ella como tu Chita - yo Tarzán.

Como ese parque estaba cerca de casa cuando fui creciendo continuaba siendo mi lugar de esparcimiento. Enfrente estaba mi colegio público y el Instituto, de modo que dejó de ser un lugar de juego para convertirse en punto de encuentro con mis amigas y mis amigos, pocos pero amigos incluido mi primer amor. Allá que iba yo con lo que eran mi mejores galas a mis ojos (por ahí anda una foto con un desmangado azul marino bajo el que me ponía una blusa de cuadros a amarillos todo heredado porque pese a la diferencia de edad con mi hermana mi cuerpo creció asimilandose en tamaño al suyo).
Entonces pasó a ser un espacio para pasear y mirar mi ficus con cierta nostalgia. Había tardes en las que me ponía en el lado que daba al instituto para controlar al personal,  el instituto, el colegio y la iglesia con sus dos torres a cada lado del pórtico.
Como me gustaba mirar tras la verja de hierro terminada en puntas de flecha!
Había jacarandas que con sus flores alfombraban no solo el parque sino la acera que estaba al otro lado de la verja, con sus flores lila en forma de trompeta. Hoy día los tengo frente a mi casa, en otra ciudad, en otro parque sin patos, pero con juegos para los niños, y cuando florecen y bajo a mi perra a pasear es un poquito como si estuviera en Floridablanca.

lunes, 29 de octubre de 2012

PACO EL GAFAS

En mi barrio había dos tiendas de ultramarinos, la de Paco el gafas y la de Rodenas, además estaba el mercado y una carnicería al final de una calle cercana a casa. Muy cerca también  se compraba el carbón para el brasero.
Paco el gafas, llamado así por motivos obvios era la típica tienda de barrio que tiene absolutamente de todo y una barra dónde los obreros iban a media mañana para comer unos hermosos bocadillos con su chato de vino.
Me volvían loca esos bocadillos de atún y mayonesa con aceitunas liados en papel de estraza pero era muy extraño que me comprara uno salvo le sisaba a mi madre algo de dinero.
Para mí el mostrador era un muro enorme tras el que veía un tío grande con gafas, enérgico, que corría de aquí para allá atendiendo al personal.
La tienda de Rodenas era la tienda vip del barrio dónde mi madre,  de estomago siempre delicado,  compraba el jamón york que entonces era algo muy exquisito y solo para enfermos o gente con dinero.A mi me daba mucha risa escuchar al tendero preguntar invariablemente a cada clienta ¿que desea joven amable? me lo decía incluso a mi que era una cría. Lo que más me gustaba era el mostrador de mármol , me parecía hermosísimo. Allí solo se compraba el mencionado jamón y los huevos (esos que en un episodio psicotico de mi madre decía !quitame esos huevos de rodenas de la televisión que me dan miedo!..).
En la tienda de Paco el gafas se compraba el resto de cosas empaquetadas porque el mercado era el centro de la compra principal, verduras, fruta y demás, y muy ocasionalmente llegábamos hasta la carnicería . Eso no me gustaba me daba asco el muestrario sanguilonento de la carne aunque me entusiasmaba un portalón de madera con adornos dorados de latón siempre brillantes como un espejo.
De modo más vago recuerdo la compra del carbón, pero sí perfectamente el calor de aquellos braseros bajo la mesa de camilla hasta que se sustiyó por la lampara de infrarrojos enrroscada en la mesa.
Ahora bien, el suceso más importante de aquella época fue cuando mi hermana compró como algo realmente extraordinario una cosa nueva, redonda, dulce, blanda que trajo envuelta en su papel de estraza.
Era un donuts!! El primer mordisco en aquella pieza tan blandita y dulce que quedó apresada entre mi paladar y mi lengua saboreando su dulzor fue mi primer instante de felicidad suprema, que rico!!! no salía de mi asombro, me decían que era americano, casi nada!

Nunca he vuelto a comer donuts como aquellos.
Ahora transcurridos muchos años, ya no queda nada de la tienda de Paco, no existe la de Rodenas. Un cuchitril de lo que yo consideraba muy grande, oscuro y regentado por gente de ojos rasgados sustituye a la primera, y a la segunda una tienda grande con ropa, calzado, pituras, también del mismo cariz. Vaya por delante que no me importa como sean sus ojos, pero me da pena.

viernes, 12 de octubre de 2012

FILOSOFIA

Descubrí esta asignatura en sexto de Bachiller y me enamoré de ella haciendo honor a su nombre y lo que significa.
Se quedó grabado en mi mente lo que yo llamo el primer principio a seguir y que la define:
No tiene más valor que el de ella misma, su significado., amor por la sabiduría.
En unos tiempos en apariencia muy distintos a los de ahora, ya que corría el 74-75, aquello me marcó porque no participaba ni participo de esa actitud que hace que solo valores aquello que tiene una utilidad inmediata y clara con resultados igualmente inmediatos y claros.
En C.O.U cuando yo ya me interesaba especialmente por la res publica y demás,  estudiaba en un instituto público situado lejos de mi casa y en medio de la huerta murciana.
Instituto masculino y frente a él el femenino "como Dios y a  la Santa Madre Iglesia manda" .
Era gracioso por no decir patético vernos en los recreos, ellos salían al espacio intermedio y nosotros encerradas en el patio a través de las verjas hablando con ellos. Romeos y Julietas que solo coincidíamos a la entrada o salida. Qué de taquicardias cuando veías a alguno que te hacía tilín, ya fuese a la entra o salida.
Yo adoraba mis clases de filosofía con D. Antonio, un valenciano de cara seria con gafas, alto y delgado.
 Además usaba de un corsé ortopédico que me impedía sentarme como las demás y guardaba en el armario de la clase un cojín sobre el que me arrodillaba en primera fila para que nadie me tapara la pizarra, y para que mis ojos pudiesen ver un poco a distancia los libros en mi pupitre y escribir, toda envarada sujeta desde el cuello hasta las ingles por aquel instrumento de tortura lleno de tornillos y barras (cuando alguno se me soltaba y salia rodando entre la ropa, riendo y yo con ellas decían !te falta un tornillo!)
Una de las primeras cosas que nos explicó él era que no debíamos creernos que por ser estudiantes no teníamos que saber coger una aguja y coser un dobladillo, a lo que yo asentía totalmente conforme.
El estudio de su asignatura para mí era un verdadero placer, desde los presocraticos hasta Kant, pasando por todos hasta llegar a aquel momento .
Cuando hacia calor para estudiar  me ponía en la terraza lavadero de mi casa,  apoyada en la pila con mi libro entre las manos y explicando los temas estudiados para verificar que me los sabía.
El acceso al instituto era un lodazal insoportable cuando llovía, de tal cualidad era dicho terreno que se nos hundían las piernas en el barro y no había dios que saliera de ahí, menos aún  yo con mi corsé.
Hartos todos alumnos del masculino y las del femenino de aquella situación,  decidimos hacer una plantada en medio de los dos institutos y de ahí ir en manifestación ante el ayuntamiento con nuestros zapatos llenos de barro. 
La hicimos y juro que fuimos los dos institutos casi al cien por cien.
Otro día hicimos una huelga, y de mi clase fui la única que se quedó acudió. Con gran pena por mi parte por faltar a clase de filosofía pero dispuesta a perder lo que fuera para reivindicar lo que era justo. Solo queríamos que urbanizaran el acceso a los institutos.
Entonces acudían a reprimir manifestaciones los marrones, y tuvieron la genial idea de enviar furgonetas con rejas y montones de marrones para sofocar la protesta de aquellos niños, yo tenía 16 años.
Incluso en un momento dado cargaron contra nosotros que solo estábamos ahí  quietos y muertos de miedo. Recuero con gran regocijo como corria como un gamo por los bancales de la huerta murciana con todo mi corsé, saltando, brincado corriendo, y no me pillaron!
Solo me preocupaba lo que pudiera pensar don Antonio, pero después me enteré de que por lo visto solo dijo mirando por la ventana y respecto a nosotros (yo) "que pena!" a saber que pensaba realmente.
Por su parte, mi profesor, mi querido profesor de filosofía no me recriminó absolutamente nada y seguí obteniendo mis notables y sobresalientes en filosofía. Recuerdo incluso que en un último examen, yo arrodillada ante mi pupitre con3 pesetas en él, no sé por qué extraña razón me quedé en blanco y no pude escribir nada, y lo sabía todo!
Mi querido profesor hizo algo impensable para que mí dado que yo pensaba que me había portado mal manifestando y haciendo huelga .Me repitió el examen a mi solita y saqué sobresaliente..
Gracias a ese primer valenciano que conocí siendo una cría, gracias a él que me hizo seguir amando la filosofía, que me entendió en silencio y seguro que me quiso en silencio.
Gracias al amor que siento por la sabiduía, y la envidía de quien la posee.

lunes, 8 de octubre de 2012

DE COMO UNA RESONANCIA MAGNETICA DEVIENE EN POESÍA

Rammmmmmmmmmmmm. tac....toctoctoc
ñiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
to toc
rammmmramram tactactactac
Silencio
Como un útero de mujer te rodea y pegado
casi hasta tu frente todo de un blanco inmaculado.
No hay nada.
tactactac  rammmm rammmm toctoctoctoccc...
Cierras las ojos y todo se vuelve negro,
vuelves a abrirlos pero esa inmensidad blanca que te cubre
te aplasta y te  hace pequeña, muy pequeña.
Los brazos extendidos a los lados, quieta y de pronto
!aguante la respiración!
Estás muerta y los segundos eternos hasta escuchar:
Respire
Uffffffffffffffff
toc toctoctoctoc ramramram ñíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
No finaliza nunca y es nunca angustioso
pero te centras en el blanco y giran ante tus ojos
miles de lucecitas blanquinegras que bailan burlándose de ti.
Recuerdas el mar la primera vez que lo viste.
Hace muuuuuuuucho  un muchacho que pasa a tu lado corriendo y gritando y saluda
hasta zambullirse en el agua, plaf!
tactactactactac
rammmmmmmmmmmmmmmm
Silencio de nuevo y un leve zumbido
Tu cabeza está quieta sujeta por un artefacto a modo de collarín.
Ahora eres tú la que vuelas y danzas y danzas
sin parar, lejos, muy lejos.
Te acuerdas de la nada y te sabes en un futuro aunque allí no lo recordarás.
tactactac, sientes que te mueven y de nuevo medio libre en una sala también blanca.
alguien te pregunta : ¿se ha mareado?.

domingo, 30 de septiembre de 2012

ME GUSTA

el nombre de Pepe porque se pega a los labios el de Antonio no me gusta porque ...no se pega tanto.
Así rezaba mi madre de tanto en tanto, y así rezo yo cuando me encuentro con alguno que me cae bien cada vez menos todo hay que decirlo.
De Pepe me vengo acordando, sobre todo de aquella vez en la que yo iba con mi hermana diez años mayor que yo, de modo que ella andaría por 18 ó 20 y yo...(haced la cuenta vosotros) y junto a nosotras él, un compañero de su facultad.
Era de Cuenca y a mí aquello me sonaba a exótico, tanto casi como su nariz aguileña.
Debía ya, ser un tanto putica porque se me iban los ojos detrás de los amigos de mi hermana (y los que no eran sus amigos). De Pepe también, qué le voy a hacer siempre me han gustado los feos guapos que digo yo. Aunque más bien creo que los examinaba tratando de adinar de adivinarme en el futuro.
Paseando los tres no sé a cuento de qué de pronto me preguntó ¿ a ti que te parece mi nariz?. Le miré y muy sería le contesté "hombre si te digo que es fea te molestarás y si te digo que es bonitaaa....."
No se lo tomó a mal, se rió.
Años después que me parecieron siglos y ahora un suspiro, llegué a la facultad, tuve profesores mejores peores regulares imbéciles y estupendos.
Llegó el momento y junto con la gramática histórica me encontré con Pepe. Todo un ser profesor de la Universidad y del que nadie sabía que una vez me preguntó por su nariz.
Peculiar, castellano cerrado, irónico, para algunos supongo que idiota pero que a mi me gustaba y además era el único que se pronunciaba por ciertas cuestiones políticas o económicas y eso me gustaba. Me gustaba su modo de hablar y dar las clases.
Hay dos días-momentos que continudo viendo con nítidezsi cierro los ojos aunque hayan pasado más de 25 años.
El primero durante una clase en la que nos dijo:
"A ver en el enunciado El sol sale; cual es el sujeto?"
Intuyendo trampa en la pregunta pero con respuesta sintáctica tan obvia, nos miramos y bajito contestamos "el sol".
Desde la tarima con la pizarra detrás de inmediato dió la vuelta y acusando con la tiza dijo:
!no señores!.
¿Acaso creen ustedes que el sol se mueve a nuestro alrededor? no! "es LA TIERRA la que se mueve alrededor de EL".
Pasmados la mayoría por haber caído en la trampa, muerta de risa yo por estúpidos nosotros y haber caído.
El otro día-momento fue cuando entró comunicandonos la expropiación de Rumasa llevandose las manos a la cabeza.
Así se comportaba con nosotros. De la asignatura ni me acuerdo ya, del contenido de las clases...tampoco.
Sí del fin de carrera y de que fue único profesor que se vino con nosotros de copas y nos llevó a su casa para continuar.
Con el tiempo se le fue encaneciendo el cabello, engordando, no demasiado solo esa curva típicamente masculina y me alegraba verlo por la calle siendo ya una mujer, como si al crecer yo y segir a mis ojos igual sintiera que había superado una prueba. Yo ya trabajaba en una empresa privada, ajena por completo a la filología en ejercicio pero no en espíritu y absurdamente orgullosa de ser "mayor".
Hace unos años murió, supongo que por ahí andará el trabajo que le pasé a máquina durante toda una semana santa escribiendo con una lexicón 90 un texto en el que todo eran números números y más números, lo terminé en viernes santo. Me pagó unas 40 mil pesetas . Mis primeros dineros ganados con mi esfuerzo.
Lo sentí lo siento, todo va desapareciendo.

Me gusta el nombre de Pepe porque se pega a los labios, el de Antonio no me gusta porque no se pega tanto.