sábado, 9 de marzo de 2013

MONEDA DE CURSO LEGAL

Ahora resulta que las multa han de abonarse con dinero de plástico,en tarjeta.
Acabo pues de enterarme que para la dirección general de tráfico la moneda de curso legal ha cambiado, ya no vale ir con efectivo, ha de pagarse con tarjeta.
No deja pues de hacerme una gracia amarga, pensar en todos aquellos que por razones varias no disponen de una tarjeta de crédito o devito.
Tajertados unidos jamás vencidos! el nuevo eslogan de los tiempos que corren.
Recuerdo todavía esas huchas a modo de cerdito del que todo se aprovecha, podéis olvidaros de él. Ya no sirve, o te metes de lleno en el sistema o te dan por dónde amargan los pepinos.

domingo, 17 de febrero de 2013

PROHIBIDO SUICIDARSE EN PRIMAVERA

Es este el título de una obra del dramaturgo Alejandro Casona.
Y es un referente de mi infancia cuando s escuchaba la radio y sus noches de teatro en el aire los domingos, programa por el que tuve conocimiento de los clásicos del teatro español, El sí de las niñas, Don Juan Tenorio y muchos más.

Viene al caso lo que cuento ya  que como un rosario de muertes anunciadas, como las de las mujeres maltratadas a manos de sus parejas, asisto perpleja y triste a tanta muerte de desahuciados por una enfermedad que se llama hipoteca, o alquiler.
Me temo que como en el caso de la violencia de genero se convertirá, o es ya, en una epidemia a la que los que aún estamos sanos asistimos cayendo ya casi en la constumbre y el !qué lastima!. Pero a continuación seguimos con nuestros quehaceres olvidando lo que hay hasta le próximo.
Lo  más triste  es que dominados por nuestra educación judeo-cristiana de alguna manera hay quien entiende que es casi un justo castigo "cuasi" divino por no haber sido lo bastante humilde, lo bastante inteligente, lo bastante sensato como para no querer acceder a una vivienda en propiedad si no puedes, aunque el banco te meta por las narices la falsa inyección de capital que recupera con creces (incluso aunque tu no lo devuelvas).
Te jodes emigrante de mierda, ¿pero que te has creído? que tú puedes tener lo mismo que los demás?, no querido no, tu tienes que seguir viviendo en un piso patera, y si el banco te dijo que si podías debías haber sabido y pensado que era mentira.
Te jodes padre de joven que le has avalado para un piso, te jodes, trabajador de tres al cuarto ¿ para que quieres tú una vivienda que tenga ascensor?
Acaso no debíamos haber asumido que los de abajo son los de abajo y los de arriba los de arriba?  ¿que ahora te encuentras con el problema de que te han despedido y no puedes pagar? tenias que haber vivido de alquiler, de esos que hace años todo el mundo te decía que tirabas el dinero y que eran más caros que la hipoteca.
Yo he experimentado como me miraban con cara de llamarte extraterrestre porque no compraba una vivienda cuando me daban la hipoteca. A mi me daba miedo, no entendía si no tenía para dar una buena entrada como un banco me iba a dar una hipoteca a 40 años.
Pero yo soy de natural miedoso, y por eso me he librado, he sido de natural desconfiada y no he creído en las bicocas. Sin embargo no se me ocurre imputar a los demás culpa alguna por no ser como yo.
Sé muy bien que mañana, pasado o dentro de tres años puedo estar en misma situación que vosotros los muertos, porque no os puedo llamar suicidas, solo os puedo llamar victimas de un sistema demoniaco.
Sé muy bien que como hace muchos meses comentaba con mi marido, a la gente como nosotros solo nos queda "el suicido asistido", cogiditos de la mano, porque nos han dejado sin esperanza, sin futuro sin mañana.
Mientras que nosotros, los de abajo no tengamos una reacción en común, de liderazgo, de lucha constante contra Goliat y no nos demos cuenta de que ni tú que acaso me leas, ni nadie estamos a salvo, no hay nada que hacer, solo dejar que este rosario siga desgranándose en cuentas que se se pierde rodando.

domingo, 20 de enero de 2013

VIENTO

Durante estos días de vientos que nos mantienen encerados en nuestras casas mirando tras los ventanales las batallas callejeras entre paraguas, mechones de cabello en el rostro, faldas que revolotean entre las piernas vestidas con medias, escucho las noticias en la radio de la cocina. Comentan la muerte de dos personas al caer sobre ellas un muro abatido por Eolo.
Recuerdo en ese momento hace muchos años, ya demasiados una historia.
Una niña camino del colegio en un día semejante a estos había muerto al caer sobre ella un pared. Contaban que la niñita llevaba su cartera y había quedado bajo los escombros.
La sensación de tristeza en el vecindario era muy grande  y yo , sentada a la mesa del comedor escuchaba muy atenta la gran desgracia de esa niña y sus padres, era la hija de un compañero de trabajo de mi padre y yo no conseguí quitarme de la cabeza esa imagen que nunca vi pero fue reiteradamente contada por los mayores.
No sé como será hoy un niño, cuanto escuchara de lo que se habla a su alrededor, pero si se parecen un poco a mi, será mucho, y no sé como decir a los demás que que no hay inocencia que resista ciertas historias.
Queda demostrado cuando aún hoy recuerdo perfectamente la sensación de aquellos días.

domingo, 16 de diciembre de 2012

EL HORNO DE LA FUENSANTA


Ahora que se acerca  Nochebuena viene a mi cabeza aquellos días previos cuando era pequeña y esperaba con ansia estos días en los que los peques tienen vacaciones y espera montones de regalos.
Yo esperaba regalos, pero esperaba con mucha ilusión la visita anual al horno de la Fuensanta.
Era el horno más conocido y famoso (y con razón) de mi ciudad. Estaba en el centro, el casco antiguo que dirían ahora, entre calles estrechas llenas de comercios y oficinas de notarios, abogados, y profesionales liberales en general, junto a ala Catedral.
También por ahí estaban las consultas de los médicos privados a los que con mucho esfuerzo gente como mi madre llevaba a los suyos por una enfermedad que la sanidad pública por aquel entonces no atendía bien.
El caso es que aquel horno-panadería-confitería era una establecimiento con unos escaparates que me parecían enormes llenos de pasteles de todo tipo. Dentro era un cuadrado con un mostrador que tenía la misma forma,
En navidad había colas de gente para comprar las tortas de pascua, orejas de fraile, tetas de monja, huesos de santo, polvorones en forma de corazón, roscos de vino...
Qué olores, que calorcito bueno !cuantas piernas de gente a mi alrrededor!. Parecía aquello un bosque de piernas.
Mi madre siempre compraba los mismo: las tortas de pascua con forma redonda y estrellada cubiertas de almendra picada y azúcar. Los roscos de vino de color blanco, aquellas orejas de fraile como una empanadilla dulce cubierta de azúcar con cabello de ángel por dentro. Los polvorones! ay! esos polvorones que se deshacían en la boca. Y el pan de cadiz?, y aquellas bolas de piñones, mazapán y yo qué sé más?.
Recuerdo las bandejas rectangulares con su mantelito de papel con puntillas y el cordel azul colgando del dedo corazón metido por el lacito, el brazo extendido para que no rozara nada y no se rompiera la mercancía...
Al llegar a casa ella lo colocaba todo ordenado en el primer cajón del aparador y yo siempre preguntaba ¿mamá esto es solo para las visitas?. Las visitas eran su hermana con su marido y mis primas en el primer día de navidad.
Por la misma fecha mi padre llegaba con la cesta  que su empresa le regalaba. Una caja grande de madera cuya tapa a veces era un cuadro. Llena de bolsas de peladillas de las gordas y de las de forma de piñón, pastillas de turrón, bombones, alguna lata de piña , botella de sidra El Gaitero, !champán!!
Aquello también se guardaba pero en el segundo cajón del aparador.
Me parecía todo un festín sobre todo porque a lo largo del año jamas teníamos semejantes viandas.Por eso y porque preferentemente se guardaba para cualquier visita a casa me cabreaba tener que quedarme mirando hasta que dieran la señal de que podíamos comer. Sin embargo lo cierto es que siempre escamoteaba algo y si mi madre se daba cuenta yo ponía cara de no saber nada. Cuantas veces abrí ese aparador que ya no existe y se comió la carcoma para coger algún dulce a escondidas, la boca llena de golpe y el polvilllo del azucar que se me escapa entre los labios, tragando deprisa .
 En esos  días tan especiales se usaba la cristalería que tan cuidadosamente sacaba mi madre de la vitrina, con aquellas copas tan delicadas con dibujos de flores y hojas preciosos, con sus dos jarras altas con asa de curva grande.
En nochebuena la cena era una ensaladilla de merluza con lechuga y mayonesa, antes una sopa de ese caldo, !qué buena! , ahora no me atrevo a hacerlo de nuevo para no estropear el recuerdo del aquel sabor.
Luego la bandeja con los dulces, entonces podía comerlos y era una verdadera gozada.
Recuero el mantel verde a cuadros con sus servilletas de tela, no de papel, sus cubiertos de alpaca que luego fregábamos en el lavadero de mármol y que me quedaba muy alto.La radio puesta escuchando los villancicos.

Al final de la cena tocabamos la pandereta y la zambomba.
Yo sabía que faltaba poco para los Reyes Magos y cuando preguntaba por ellos y por dónde andarían  me contaban que andarían  por África cerca ya de España.
Pero el día de los Reyes Magos es otra historia.

domingo, 2 de diciembre de 2012

EL CINE Y YO

La primera escena de una película que se me viene a la cabeza es la creación del mundo en La Biblia, yo estaba en la primera fila de la sala. El mundo y su rugido mientras se creaba me venía encima como un tornado.
En aquellos años una tarde de cine y pipas era lo que la gente vulgar y corriente hacía para su esparcimiento y era de lo más económico. Claro eso era entonces....
Había dos rituales que se cumplían siempre,   no podía ser de otro modo:
El día del espectador en miércoles.Sobre todo me gustaba la terraza del cinema Iniesta en el barrio del Carmen. Ese cine era precioso, tenía unas puertas y un anfiteatro y unas escaleras que a mi me dejaban embobada parecía un palacio .
 La terraza de verano dónde proyectaban en esa estación del año fue escenario de alguna aventura de la que yo solo recuerdo una,  pero mi madre se encargaba de recordarme otra.
Una era cuando se proyectaba en El árbol del ahorcado. Durante  la escena de la diligencia desbocada a punto de caer todo el mundo en tensión, atentos... a mi se me  escapó la botella de gaseosa que con su vidrio y todo su gas explotó en el suelo. El grito (contaba ella) de todo el cine fue unánime.
La otra,  la que yo recuerdo, fue durante la proyección de una película de vaqueros (que me entusiasmaban). El caso es que debía ser tan mala aquella película que solté en medio de ella y de la noche ! mamá esto no vale ná, esto es un chuminá! . Que  mala era! la peli digo.

Los domingos era cuando mi padre me llevaba sistematicamente después de comer a la primera sesión, así pasábamos la tarde.
Me daba una rabia tremenda llegar siempre tarde con la sesión empezada por dos causas: La primera era que  había que esperar a la segunda peli para ver el principio de la primera cuando ya sabía el final, argggggggg!.
La otra era que nos tocaba quedarnos de pie entre la gente, mucha gente, o en el palco lateral desde el que yo veía bien.
Cómo se fumaba entonces en el cine..., mi padre a veces salía un momento fuera y me dejaba sola en el asiento, menos mal que volvía pronto. Cuando terminaba todo y salíamos  en invierno a la calle para esquivar el frío me ponía el verdugo de lana que solo me dejaba los ojos a la vista y el vaho de mi boca calentaba el interior de mi cabeza  y toda la cara se ponía caliente rápidamente. Aquello era frío y no lo de ahora, será cosa del calentamiento global de la tierra.
Me gustaba el ambiente que se respiraba en aquellos edificios vestidos por dentro con sus cortinajes rojo intenso como de terciopelo. Me gustaba mirar a los que esperaban como yo  en el pasillo, toda emocionada pensando en lo que íbamos a ver, observaba las parejas de novios dándose besitos castos en las mejillas aunque yo sabía o intuía que había algo más que esos inocentes besos.
Odiaba  que me llevaran a ver películas de dibujos animados, yo quería ver películas de verdad!
A la salida del cine también sistematicamente ya fuera del Coliseum o El Iniesta, me llevaba mi padre al bar de Mónaco a tomar una ensaladilla rusa con una cervecita pequeña, daba igual que yo fuera una niña pero lo cierto es que no soy alcohólica...Cómo me gustaban aquellas ensaladillas !que ricas!!, y las almendras fritas y me veía reflejada en gran espejo frente a la barra del bar, y veía al resto de la gente comer sin mirarlos directamente, a través del espejo.
Eran unos domingos estupendos,  por la mañana iba a por el periódico y mi tebeo, y luego al cine, para eso nunca faltaba dinero. Nunca ha faltado para eso.
También me llevaba mi hermana: Con ella iba más temprano y llegaba al principio de todas las películas. Ella me llevó a ver Siete novias para siete hermanos, Chitty Chitty Bang Bang,  West Side Story y muchas más.
El resto de películas que no veían en el cine las veía en casa de Juani con su padre Antonio que tanto me quería y al que tanto quería yo "Carmencica, ¿que ponen esta noche en la tele? mientras cenaba con su trozo de pan, su navaja manchega cortando el queso sobre el pan, y yo contestaba siempre dando la información requerida.

Era de justicia e imperdonable no ir al cine el primer día de Navidad, era nuestro ritual. Íbamos a ver la película recién estrenada para la ocasión, así vi Memorias de África con la hija de mi prima, o Titánic.
Ahora  ya no es así. Todo se va perdiendo y yo canto lo que pierdo y lo que se pierde es la ilusión.
Con los años ya  asentada en mi trabajo e independizada en un pequeño apartamento junto a la casa de mis padres retomé la costumbre de ir al cine. Pero entonces quedaba con mi madre: Al salir de la oficina yo la esperaba con las entradas que orgullosamente había sacado con mi dinero y no el de ella en mis manos. La veía venir a lo lejos, tan guapa! tan bien arreglada para la ocasión...
Vimos decenas de estrenos juntas, estrenos que hoy pasan por televisión y cuando estoy con mi marido en el salón viéndola digo invariablemente "esa la vimos mi madre y yo en el cine", e invariablemente él me contesta "las has visto todas con tu madre". Y recuerdo cada uno de los momentos de mi espera en la puerta de las salas de proyección, cuando llegaba ella, cuando subíamos las escaleras, cuando buscábamos el mejor asiento, y la salida al final a la calle, ya de noche, comentando la historia.
Son muchas las escenas que retengo en mi retina de muchas películas, si me preguntaran con cual me quedaría no podría elegir.
Rebeca, Luz de gas, Matar un ruiseñor, Cinema paradiso, Casablanca, La muerte tenía un precio, El árbol del ahorcado, pero siempre siempre queda en mi el poso triste de Rebeca. Una y otra y otra y otra vez la he visto y siempre hay algo nuevo en ella que me maravilla.
Y su final con aquel incendio de la mansión purificando con su fuego todo rastro de mal. Es una escena que no puedo olvidar, o ella en el coche acariciando su collar de perlas, deseando ser otra.
Hay finales gloriosos, como el Casablanca.
Hay películas para cada ocasión, como los juicios de Nuremberg con el impecable Charles Laugton, !excelso!.
Hay películas como Belinda , o El séptimo sello, o ....podría pasar mi vida recordando.
Hay películas como Rojos que vi con un compañero de facultad que pasó el tiempo intentando meterme mano, ufff, yo quería ver la peli!. O Nueve semanas y media que fui a ver con una compañera un día que pasamos de la clase, muy conservadora mi compañera y yo mientras la veíamos me venía un color y se me iba otro pensando en ella.
Y Novecento??? qué película, qué imagen la de los campesinos avanzando desafiante ante los espectadores: Compré el poster de esa escena, poster que mi madre me instó a quitarlo de la pared de mi habitación cuando el nefasto 23-F cuando a Tejero se le ocurrió irrumpir en el Congreso de los diputados pegando tiros...que pena me dio deshacerme del poster.

A lo largo de los años he visto muchas, muchisimas películas pero la magia del cine parece haberse perdido, odio los grande centros comerciales con tiendas de ropa, comida rápida, zapaterías, etc y... alguna sala de cine, me hace daño a la vista.
Ya nada es igual pero sea como sea sigo amando el cine.

domingo, 11 de noviembre de 2012

FLORIDABLANCA

Repaso mentalmente mi jardín de infancia y preadolescencia en el barrio del Carmen.
Mi parque tenía un estanque con patos  de los de verdad como no he vuelto a ver,  y un apartado cerrado para jugar los niños. Me gustaba especialmente un  laberinto cuadrado  y metálico por el que yo entraba desde abajo hasta llegar trepando a lo más alto. Probablemente si lo viera ahora me parecería especialmente pequeño, tenía su tobogan y los típicos columpios para volar por el aire con el impulso de tu espalda colgados de un arco de hierrro con cadenas a las que cogerse.  Arriba y abajo, arriba y abajo con un vuelco en el estomago. Una vez me caí al suelo y me quedé pegada a la tierra esperando que terminara de pasar por encima para que no me diera en la cabeza.
Pero lo que más me gustaba y con diferencia era un ficus enorme por el que yo trepaba como un mono hasta dónde podía para quedarme sentada en un hueco y ver la calle dónde estaban los cines del mismo nombre que el parque "Cines Floridablanca"  sus reaices sobresalían de la tierra y eran largas retorcidas.
En el ficus me sentía recogida y lo observaba todo, incluida mi hermana cuando me llevaba acompañada de sus pretendientes. Ya mayores las dos le hice saber la rabia que me daba que me aparcara en los columpios para pasear inocentemente con ellos porque  me parecía que no estaba bien, que tenía que estar a mi cuidado y no roneando con chicos porque me daba miedo quedarme sola y perderme. El parque dejaba de ser mi lugar de juegos y era un lugar inseguro en el que me sentía sola y con miedo, un miedo desconocido.
Un día al no verla hice memoria para volver a casa, al llegar  mi madre se quedó a cuadros me cogió de la mano y pensando en mi hermana volvimos al parque pero  ella ya estaba de vuelta con cara de susto junto a su pretendiente que años después me ofreció trabajo. Estaban buscándome como locos y más tarde supe me enteré que le interrumpí una declaración de amor...
Ese parque lo visitaba los domingos y en verano. Con el curso académico aprobado como debía ser podía salir sin remordimientos porque "tenía la satisfacción del deber cumplido que nos enseñaban en las clases de la F.E.N."
El mejor verano que recuerdo fue aquel en el que un tiburón, coche alemán conocido por aquel tiempo sólo por referencias, empezó a pasear por delante de mi casa. Obviamente no me buscaba a mi, buscaba a mi hermana.
Lo conducía un alemán muy rubio, tremendo de grande con cara simpática , estaba de paso como turista y se había fijado en esa española morena bajita que era ella. No hablaba español pero entre el ingles de Lola y el lenguaje más sabio de todos los tiempos, el gestual, se entendían.
A mi me gustaba aquel alemán y su coche, sobre todo me gustaba porque con él no me dejaban apartada en los columpios, me cogían de la mano cada uno y me levantaban por lo alto para dar un salto, y él siempre decía !atensión! !precausión! y a dar un salto tremendo cogida de sus manos.  Era tan grande y tan fuerte!!.
Además me reía mucho porque  no sabía comer pipas, no las había visto nunca y se asombraba mucho de vernos comerlas y como se hacía. Me manejaba como a una peonza, eso no me lo había hecho nadie.
Quería llevarse a mi hermana a Alemania con él, ella para él y él para ella como tu Chita - yo Tarzán.

Como ese parque estaba cerca de casa cuando fui creciendo continuaba siendo mi lugar de esparcimiento. Enfrente estaba mi colegio público y el Instituto, de modo que dejó de ser un lugar de juego para convertirse en punto de encuentro con mis amigas y mis amigos, pocos pero amigos incluido mi primer amor. Allá que iba yo con lo que eran mi mejores galas a mis ojos (por ahí anda una foto con un desmangado azul marino bajo el que me ponía una blusa de cuadros a amarillos todo heredado porque pese a la diferencia de edad con mi hermana mi cuerpo creció asimilandose en tamaño al suyo).
Entonces pasó a ser un espacio para pasear y mirar mi ficus con cierta nostalgia. Había tardes en las que me ponía en el lado que daba al instituto para controlar al personal,  el instituto, el colegio y la iglesia con sus dos torres a cada lado del pórtico.
Como me gustaba mirar tras la verja de hierro terminada en puntas de flecha!
Había jacarandas que con sus flores alfombraban no solo el parque sino la acera que estaba al otro lado de la verja, con sus flores lila en forma de trompeta. Hoy día los tengo frente a mi casa, en otra ciudad, en otro parque sin patos, pero con juegos para los niños, y cuando florecen y bajo a mi perra a pasear es un poquito como si estuviera en Floridablanca.

lunes, 29 de octubre de 2012

PACO EL GAFAS

En mi barrio había dos tiendas de ultramarinos, la de Paco el gafas y la de Rodenas, además estaba el mercado y una carnicería al final de una calle cercana a casa. Muy cerca también  se compraba el carbón para el brasero.
Paco el gafas, llamado así por motivos obvios era la típica tienda de barrio que tiene absolutamente de todo y una barra dónde los obreros iban a media mañana para comer unos hermosos bocadillos con su chato de vino.
Me volvían loca esos bocadillos de atún y mayonesa con aceitunas liados en papel de estraza pero era muy extraño que me comprara uno salvo le sisaba a mi madre algo de dinero.
Para mí el mostrador era un muro enorme tras el que veía un tío grande con gafas, enérgico, que corría de aquí para allá atendiendo al personal.
La tienda de Rodenas era la tienda vip del barrio dónde mi madre,  de estomago siempre delicado,  compraba el jamón york que entonces era algo muy exquisito y solo para enfermos o gente con dinero.A mi me daba mucha risa escuchar al tendero preguntar invariablemente a cada clienta ¿que desea joven amable? me lo decía incluso a mi que era una cría. Lo que más me gustaba era el mostrador de mármol , me parecía hermosísimo. Allí solo se compraba el mencionado jamón y los huevos (esos que en un episodio psicotico de mi madre decía !quitame esos huevos de rodenas de la televisión que me dan miedo!..).
En la tienda de Paco el gafas se compraba el resto de cosas empaquetadas porque el mercado era el centro de la compra principal, verduras, fruta y demás, y muy ocasionalmente llegábamos hasta la carnicería . Eso no me gustaba me daba asco el muestrario sanguilonento de la carne aunque me entusiasmaba un portalón de madera con adornos dorados de latón siempre brillantes como un espejo.
De modo más vago recuerdo la compra del carbón, pero sí perfectamente el calor de aquellos braseros bajo la mesa de camilla hasta que se sustiyó por la lampara de infrarrojos enrroscada en la mesa.
Ahora bien, el suceso más importante de aquella época fue cuando mi hermana compró como algo realmente extraordinario una cosa nueva, redonda, dulce, blanda que trajo envuelta en su papel de estraza.
Era un donuts!! El primer mordisco en aquella pieza tan blandita y dulce que quedó apresada entre mi paladar y mi lengua saboreando su dulzor fue mi primer instante de felicidad suprema, que rico!!! no salía de mi asombro, me decían que era americano, casi nada!

Nunca he vuelto a comer donuts como aquellos.
Ahora transcurridos muchos años, ya no queda nada de la tienda de Paco, no existe la de Rodenas. Un cuchitril de lo que yo consideraba muy grande, oscuro y regentado por gente de ojos rasgados sustituye a la primera, y a la segunda una tienda grande con ropa, calzado, pituras, también del mismo cariz. Vaya por delante que no me importa como sean sus ojos, pero me da pena.