miércoles, 9 de octubre de 2013

GANAR? PERDER?

Si se piensa bien esto de vivir es una ecuación matemática dónde nos pasamos el tiempo, tic tac tic tac.... ganando para perder.
Ya ganamos cuando nacemos nuestra vida...para perderla después, y la ecuación se resuelve con un cero, con nada.
Ganamos estatura y años para perder infancia y ganar juventud...que perdemos ganando años que nos hacen perder vida.
Ganamos la capacidad de hablar para perder comunicación, ganamos palabras y perdemos conversación.
Ganamos movilidad e independencia para al final perder esa misma movilidad y volver a ser dependientes.
Durante el transcurso de este ejercicio absurdo ganamos conocimiento que nos hace perder la razón, tal vez nunca hubo ni lo uno ni lo otro.
Ganamos capacidad de soñar para perder todos nuestros sueños y la ecuación vuelve a resolverse  con un cero.
Vamos ganando años, vamos perdiendo vida.
En esos años ganamos afectos que se vuelven odios, como ganamos amores que se convierten en desamores, tal vez ni fueron lo uno ni fueron lo otro.
Ganamos cosas, casas, y perdemos el alma para conservar lo que siempre se pierde.
Mientras vamos ganando vamos perdiendo, y mientras perdemos vamos buscando: un tiempo que va pasando, un objetivo que se va alejando, una felicidad esquiva y desconocida.
Buscamos un trabajo que luego te quitan, un hogar que luego te quitan,  una camiseta que luego tiras, un perfume que se evapora en el aire, unos zapatos que se gastan, un descanso que no repara.
Ganamos o perdemos? ganamos y perdernos? Ganar para perder?
Ganas las ganas de no perder nada, pero todo se pierde, y al final todo es nada.

lunes, 30 de septiembre de 2013

CUANDO HAY QUE PARTIR PARA NO REGRESAR

Me enfrento al teclado con mi cabeza dando vueltas y mi corazón triste, mala combinación es esa si se le añade el miedo.
Ese miedo que todos experimentamos frente al adiós definitivo. Y aunque pocos son los afortunados que pueden pronunciarlo es una desgraciada fortuna que te pone directamente y sin paliativos ante quien se despide y ante ti mismo.
La mayoría de las veces ni siquiera con los que te han dado la vida puede hacerse, y esa vida sin embargo te da la oportunidad de hacerlo con un ser humano que nada, y mucho, tiene que ver contigo.
No consigo imaginar lo que se siente cuando te dicen crudamente que tienes dos semanas como mucho de vida, ni quiero imaginarlo...o sí, no lo sé.
Y yo que soy tan poco cosa he de tener la valentía de hacerlo, de hablarle a la muerte de un ser muy querido para mi que me dice con voz alta y clara, no ya no voy a salir de aquí y me queda poco tiempo, ya te diré lo que tienes que hacer, puedes venir a verme.
Entonces empieza a pasar por tu cabeza como en una película desde el primer momento que vistes a esa persona corriendo hacia ti con sus carcajadas habituales presentándose para después irse corriendo a desayunar, como un torbellino hasta el día de hoy.
Parecias tan débil..... y me ha demostrado que eres más fuerte que ninguna, más mujer que ninguna, más valiente que ninguna, y me siento muy pequeña a tu lado, solo atino a decir que te quiero,  que nunca te olvidaré.
Que nada importa porque en el momento supremo de partir aunque tu cuerpo te abandone, tú has ganado la partida, no te has dejado doblegar hasta y aún así has seguido preocupándote por los demás.
No me sirve de consuelo despotricar contra la vida que se lleva antes a los que menos lo merecen y deja entre nosotros , nada,  paja, polvo,  palabras huecas sin sentido.
No sé que temo más, dejar de verte, ocupar tu mesa como ahora hago, no escucharte, no poder contarte, o el egoísmo de la soledad de ti , o la conciencia de que no siempre habré sido buena contigo, que alguna vez te habré herido y ni siquiera me lo has dicho. Te llevas mucho de mi corazón contigo que tantas veces triste te he volcado para que me ayudaras a llevar su peso, tantas veces que te he llorado por mí y siempre has estado ahí.
Tu no desapareces, no desaparecerás mientras te recordemos, y te vamos a recordar, y echar mucho de menos. ¿Quién nos va a decir las claves que tan bien te sabes de cada compañía? ¿Quién me va a dar un trozo de bizcocho o una ensaimada en la cocina del trabajo? ¿Quién me va a decir que soy gilipollas como me lo decías tú?
Yo siempre con prisa al fumarnos el cigarro en la puerta y tu siempre diciéndome !espera coño!
Quien va a repartir el correo como solo tu sabes hacerlo?
Y tengo que despedirme de ti, y solo se me ocurren estupideces, banalidades, no tengo la capacidad de decirte algo importante y me desespera porque cuando quiera hacerlo ya no podré.
Tu sabes que te quiero? Tu sabes que ninguna fiesta sin ti bailando será igual? Tu sabes que esta navidad cuando hagamos el aperitivo no va a ser igual?
Tampoco sabes cuanta gente se preocupa por ti, ni como te admiran, eres tú sola la que se ha ganado el respeto, admiración y dolor en todo un grupo tan diverso, tan grande, con tantos pensamiento diferentes que eso solo lo puede conseguir una mujer de la cabeza a los pies sencillamente única, como tu.
Al partir, haz lo en paz, con la alegría de haber vivido una vida completa, de dejar tu huella profunda, sin miedo y con el amor de todos.
Allá dónde habites el universo reirá carcajadas contigo.
Te quiero.

viernes, 13 de septiembre de 2013

SON TRES...

Años cumpliendo años sin su felicitación.
Mucha gente se ha acordado hoy de mi  y a cada felicitación pensaba en la ausente, no con tristeza, sí con añoranza.
 Una es bastante fetichista y cuando cayeron los 50 ella aún vivía pero su cabeza estaba solo sobre sus hombros, al cabo de unos meses me preguntó mi edad y cuando dije ese número redondo me contesto !coño que vieja eres ya!, me sonreí.
Después mejoró aunque su  memoria no era la de siempre y después ya no tuvo la oportunidad de volver a felicitarme.
No voy a hablar de lo rápido que pasa el tiempo por obvio, solo voy a recrear a través de lo que ella contaba aquel martes trece de hace 53 años cuando estando la ciudad de romería en plena fiestas septembrinas se me ocurrió empujar con un mes de antelación y con ganas de salir al exterior a dar guerra.
Contra dirección de la romería el taxi intentaba hacerse hueco camino del hospital de La Fuensanta (menos mal que no me pusieron el nombre de la patrona - hospital) dónde desde hace muchos años luce un edificio dedicado a un gran almacén banderitas verdes.
Ella siempre contaba que su embarazo fue difícil porque al mismo medida  que yo crecía,  lo hacia un quiste del tamaño de una naranja que luego se redujo al de una nuez, o sea que fui formándome en una especie de huerto pre-valenciano anunciando ya de algún modo mi futuro. Lo de la nuez  quedó en eso  mientras yo  crecía como una mujer no como una fruta vegetal o fruto seco.
Contaba también que cuando nací parecía un conejo cubierto de sebo, así de delgaducha y larga era,  de  y fea de narices.
Poco habitual era entonces parir en un hospital pero la situación lo requería, por eso fueron a verla y a verme, a ver a esa cosa flaca que había puesto en peligro a la madre. Y tan fea debía estar que ninguna mujer se atrevía a decir nada del bebé que dormía , pensarían que se pensaría la madre le tomaban el pelo. Una de ellas iba con su hija pequeña que mirándome dijo en voz alta "que dedos más largosss!, era lo que más se veía de mi.
Entre las visitas la prima Josefina que diplomática ella siempre dijo para solventar la situación :¿veis a esta? (refiriéndose al conejo y no me vayan por otro lado que les veo...) "pues esta se los va a llevar de calle".

Me lo contó una y otra vez, yo creo que cada cumpleaños, orgullosa ella de verme grande, sana, adulta y que algo de calle si me los llevaba.
Han pasado 53 largos y cortísimos años, sigo sintiendo predilección por el 13, por el martes trece, por el viernes trece, y todas sus combinaciones, hago bromas con esa fecha, y hoy lejos de la Plaza de la Fuensanta dónde está ese centro comercial me siento más vieja y más joven que nunca.
Rarita que es una, será cosa de las naranjas, nueces, conejos, romerías, patronas y de la madre que me parió que fue una mujer fantástica con muuuchos defectos, pero mi única madre.
Felicidades mamá.

sábado, 31 de agosto de 2013

AUNQUE AUN QUEDE ALGUN DIA DE VERANO

Se nota el tiempo que viene pero no me produce nostalgia, no se puede añorar lo que no te gusta.
De modo invariable y pese a los años  transcurridos,  el inicio de curso escolar sigue vigente y siendo un punto de inflexión para mí. Mucho más que año nuevo.
Mi año nuevo comienza siempre a la vuelta de las vacaciones, las hayas tenido o no, cuando los escaparates, la publicidad y las noticias te informan que para muchos se acabó lo bueno, o supuestamente bueno.
Las pantallas ahora planas del televisor te inundan de recordatorios sobre los libros escolares del nuevo curso, del calzado infantil para los nenes, de la vuelta a los despachos de los "des-gobernantes".
Casi diría que el planeta entero se pone de acuerdo para hacerte ver que llegan días cortos, más oscuros, más frescos en principio y fríos después, se anuncian batallas de todo tipo en todos los ámbitos.
Los parques se llenan de mamás con sus hijos, carritos y cotilleos de media tarde sobre la aventura del verano que ha pasado, algunas lamentaran haber tenido que poner fin a un matrimonio como mínimo aburrido, las abuelas comentan que el mal tiempo les fastidia los huesos....

Pero a mi todo eso no me importa, lo que realmente me importa es sentir por las tardes, por fin, una brisa de aire que me acaricia como el mejor amante y me deleito con ella, quieta, concentrada en esa hermosa sensación.
No puedo vivir sin la brisa del aire,  me gusta tanto extender los brazos con las piernas separadas y dejar que penetre en todos los recovecos de mi cuerpo!
Lo que me importa y fascina es el cambio de luz que ya se advierte pero alcanzará su plenitud en octubre con un mediterraneo cielo azul, esplendido, claro y tan nítido!.
Me gusta la cercanía del otoño que me vigoriza y pone en contacto con la vida que fluye dinámica y serena a la vez conduciendote an la intimidad y recogimiento  del invierno.
Me gusta el otoño.

lunes, 19 de agosto de 2013

Con un sorbito de champagne


http://www.goear.com/listen/926eee9/con-un-sorbito-de-champagne-los-brincos



Siempre he tenido a la música como una de mis mejores compañías, por no decir la mejor junto con la lectura.
Estando arraigadas en mí músicas de otros tiempos, canciones, estados y momentos de todo tipo, pero siendo especialmente emotivas todas aquellas canciones con las que crecí en la década de los 60 y 70, de tal manera que al día de hoy las rememoro con un placer inmenso.
Mi vecina Juani, 10 ó 12 años mayor que yo, hija única de un matrimonio sin problemas económicos,  celebraba siempre no sé si con motivo de su cumpleaños o no,  guateques en su casa.
A ellos siempre invitaba a sus amigas, a mi hermana Loli y "la Mari", y el renacuajo que era yo siempre se mezclaba con ellas tres, por tanto no me perdía esos guateques.
Mis oídos escuchaban ( sin perder comba) todas aquellas canciones: si yo tuviera una escoba, el  martillo, Judit con disfraz, los paraguas de Cherburgo, mis manos en tu cintura, etc etc etc, no faltaban tampoco los discos de del coñac Fundador que yo ponía en el tocadiscos de casa.
Andaba yo de casa de Juani a casa de Mari, pero siempre con un común denominador, mi afán por conocer a través de ellas lo que era ser mayor;  "mamá cuando seré una chica?" era mi pregunta de siempre.
Mientras tanto con la excusa de que era una cría me colaba en todas partes, y como no en sus guateques, de los que recuerdo a fuerza de ser tan pequeña, que cuando se iniciaba el baile yo estaba como en un bosque de piernas, y alguien de vez en cuando me sacaba a bailar!.
Esos tiempos están muy lejos ya, pero cómo los añoro.

http://www.goear.com/listen/f440855/si-yo-tuviera-una-escoba-los-sirex

miércoles, 14 de agosto de 2013

NOCHES DE VERANO

Éramos un trío formado por la madre y sus dos hijas ,una a cada lado que cada noche de verano después de la cena dábamos un largo paseo desde la calle en la que vivíamos hasta el otro lado del río pasando por el puente viejo al otro lado de la ciudad.
Hasta llegar al puente viejo teníamos que recorrer el  paseo del Marqués de Corvera que acababa en la iglesia del Carmen (punto de salida de los coloraós el miércoles santo).
Ese paseo del Marqués era el ámbito que yo podía recorrer sola, a partir de la iglesia necesitaba compañía, pero eso es otra historia.
Una vez que  llegábamos al jardín del Conde de Floridablanca (cuanta aristocracia para un barrio obrero...) el paseo era más agradable, los jacarandás alfombraban con sus flores moradas la acera que pisábamos y el ficus al que yo me subía a escondidas nos vigilaba desde el otro lado de la verja de hierro que terminaba en puntas de flechas afiladas.
Yo le miraba de reojo sabiendo cuales eran sus mejores escondites y por los para subir a ellos me arañaba siempre todas piernas, luego me lavaba la sangre antes de que la viera mi madre.
Ella nos iba contando sus planes de futuro y yo me moría de ganas de llegar a la glorieta dónde nos esperaba la heladería que marcaba el punto final del recorrido y que daba paso al centro de la ciudad.
Tres cucuruchos de turrón! pedía ella y la boca se me hacía agua antes de tenerlo a mi alcance esperando morder los granitos de turrón mezclados con el helado, no sabía que me gustaba más, si el contenido del cucurucho o el cucurucho en sí, tan crujiente, y esa punta final dura rellena con los últimos vestigios del helado. En ocasiones especiales eran de nata montada, ay dios! que suprema delicia tan suave, delicada y dulce que se adentraba por toda tu boca y paladar.

La glorieta estaba  de tal manera que había que bajar unas escaleras a cuyos lados el muro era lo bastante ancho e inclinado con enlosado de piedra por el que yo me deslizaba hasta llegar al final en forma de asiento. Era una sensación de victoria que solo un niño puede experimentar cuando hace lo que cree una proeza.
Cuando teníamos nuestro cucurucho relamiéndonos y lamiéndolo muy despacio, dábamos vueltas alrededor de la  alargada fuente de la glorieta como si de una pequeñita Alhambra se tratara,  presidiéndola el cardenal Belluga con su busto cubierto de palomas, !el cardenal tiene pájaros en la cabeza!.
Los chorros del agua salpicaban el suelo y nos servían de refresco, por encima de nosotras el cauce del río que atravesaríamos muchas veces de vuelta por el puente de hierro paralelo al viejo y que desembocaba de nuevo en el jardín de Floridablanca.
A  veces si era temprano y la verja no estaba cerrada lo recorríamos y aprovechaba para subirme a los columpios y hacer el mono, cosa que se me daba bastante bien, no en vano en ocasiones me decían que parecía más un crío que una cría.

Otras veces el camino era en sentido inverso desde el "marquesado" hacia la estación de renfe, sobre todo si mi hermana tenía que echar alguna carta al buzón para que el tren correo la hiciera llegar al novio manchego.
Cómo me gustaba ir hasta la estación!. Paseábamos por el andén, con sus tiendas-kiosco abiertas aunque fueran las 12 de la noche, esos kioskos dónde mi madre cambiaba las novelas rosa ya  leídas por otras con historias nuevas.
Entonces la estación estaba muy concurrida a esas horas, y el mozo que ayudaba a los viajeros a llevar su maletas hasta el vagón, a mi me parecía muy viejo, pero no debía serlo porque ya bien adulta yo aún trabajaba y me ha cogido más de una maleta.
Pero de ese recorrido y paseo viendo las vías del tren que yo me quedaba mirando con deseo de seguir con ellas hasta el infinito, lo que más me intrigaba era el hecho de echar un sobre al buzón, me parecía algo mágico que con ese gesto alguien en otro punto de la geografía pudiera leerte después. Es cierto que la magia desapareció un poco el día que mientras mi hermana introducía la mano en la boca del buzón y asomó de pronto otra que le retiró la carta con urgencia.
El susto nuestro fue grande e imagino que el jolgorio del trabajador mayor aún.
Lo más bonito de todo con diferencia era ese tren tan largo, oscuro,  con sus letras doradas que indicaba en algunos vagones que eran vagones-literas. Cómo me gustaba el tren correo que salía a las 12 de la noche, la hora bruja, cómo soñaba con él.
Eran noches de verano, muy lejanas ya que se empeñan en volver a mi cabeza en estas de ahora, ruidosas, inhóspitas, insomnes...Eran noches de verano.

domingo, 4 de agosto de 2013

ESTÁ DECIDIDO

Si el cáncer no puede con mi compañera y sin embargo amiga del alma, mis huesos no podrán conmigo.
Por mucho que ellos yo quieran yo soy  más fuerte.
Por mucho que duelan, yo soy más fuerte.
Por mucho que me inmovilicen, yo soy más fuerte.
Por mucho que me abrasen, yo soy más fuerte.
Por mucho que se encojan, yo soy más fuerte.
Por mucho que no me quieran sostener, soy más fuerte.
Por mucho que se deformen yo soy más fuerte.
Soy más fuerte porque quiero serlo.
Soy más fuerte porque lo estoy demostrando.
Soy más fuerte porque son muy poca cosa para mi alma.
Soy más fuerte porque mi sostén no son ellos sino el amor.
Soy más fuerte porque solo me puede la muerte.
Soy más fuerte porque aprendo a serlo.
Soy más fuerte porque ellos mismos me están enseñando a ser más generosa, a que mi corazón se alegre solo con una canción, solo con una sonrisa, solo con una palabra, solo con una buena copia de vino, solo con el movimiento de la cola de mi perra.
Mi corazón se alegra cuando él entra por la puerta o simplemente está.
Mi corazón se alegra con la bondad de mucha gente.
Y por todo eso y mucho mucho mucho más, con cero costo, soy más fuerte.