GENTE IMPORTANTE

Inicio esta página con el deseo de contaros la gente importante que ha pasado por mi vida y no son de mi sangre.
Empezaré pues por mi infancia más lejana:

La primera que siempre me viene a la cabeza es Antonio Piqueras.
Antonio era junto a su mujer Carmen y su hija Juani con la que aún sigo hablando por teléfono, ella en Murcia y yo en Valencia, diez años mayor que yo, nuestro vecino pared por medio.
Antonio fue condenado a muerte durante la contienda, pero aún no sé por qué se salvó de la ejecución y Carmen, que creo tuvo algo que ver en ello, se casó con él.
Tuvieron una única hija Juani, que creció entre algodones,y a la que yo enseñé de pequeña yo, las 4 reglas aritméticas para superar una prueba y entrar a trabajar en una entidad bancaria a la que odio.
Juani celebraba en su casa a la que yo accedía no si peligro, cuando no me veían, saltando por na alta verja a la que llegaba subiendo a la pila de piedra dónde mi madre lavaba la ropa, al fondo había un patio de una escuela con un profesor que gritaba y desde la que me llegaba el olor a pupitre y goma de borrar. Me encantaba ese olor y aún lo siento.

Me encantaba pasar a la terraza de Juani y volver a la mía, a veces me adentraba en su baño que era un lujo comparado con el nuestro, tenía bañera y era rosa.
Recuerdo el dormitorio de sus padres de muebles de madera impresionantes, y un cuadro enorme de Juani vestida de huertana.
También tenía un gato que se quedaba mirando los partidos de fútbol mientras en uno de ellos comíamos michirones.
Su padre o su madre, no recuerdo, tenían un horno La Fuensanta, de renombre en Murcia, dónde mi madre compraba en navidad los dulces, había unas colas enormes, o a mi parecía. Sus tortas de pascua y pasteles de manzana eran exquisitos, y cada vez que iba a su casa que era todos los días, siempre pillaba cacho.
Antonio era un hombre que me quería mucho y yo lo notaba, Cuando estaba en el balcón de mi casa en El Paseo de Corvera en Murcia, lo veía desde arriba pasar y le llamaba Antonio!, el siempre levantaba la cabeza con una sonrisa y yo que era muy vergonzosa ( a lo que en media lengua llamaba "tener monsonsa =vergüenza) aguantaba mi sonrisa y me escondía tras las cortinas.
Era un hombre manchego, serio, calvo, guapo y muy muy cariñoso y afable.
Como ellos tenían televisión, por las noves bajaba las escaleras corriendo, cagada de miedo y subía la de ellos, me sentaba a su lado y lo veía con su navaja y pan de pueblo, cortando el embutido sobre el pan, pinchándolo con la navaja y llevándoselo a la boca, y el me decía "Carmencica que ponen esta noche?", y yo contestaba rápidamente porque no sé como me sabía toda la programación.
Cuando terminaban de cenar siempre me daban un pastelillo de cabello de ángel, una torta, algo.
Recuerdo en especial una noche de verano en la que en el balcón de su casa me tenía sentada en sus piernas muy muy pero que muy serio. Yo sabía que se había muerto una muchacha joven, no más, y le pregunté que pasaba, y recuerdo aún como con una tristeza infinita, me preguntó se me acordaba de una choca, le dije que sí, aunque no lo recordaba, y recuerdo que mucha delicadeza me contó que se había muerto, no utilizó la palabra muerte, pero supe que era eso.
Al cabo de los años, hace un mes o dos hablando con Juani la hice recordar y me contó que era una muchacha de la familia, que se había electrocutado en la bañera por accidente.
Antonio murió mientras que con veititantos años yo estaba de vacaciones en Cullera, y no lloré.
Pero Antonio, te sigo queriendo.